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En la actualidad (2000), el único horno que existe en Mota del
Cuervo es el horno de la Cruz Verde (el de Urbano).
Antes había siete, y cocían a diario; el de Salomón
Estiraza, en la calle de las Cuevas; el de Vete, en la calle de las Afueras;
en la Sendilla, el de Jorquillo; en la Sendilla Alta, el de Zato, y los
dos de Gil, uno de los cuales es el de Braulio, derruido en 1972, y el
de la Aniana, en la Cruz Verde.
El horno actual de la Cruz Verde es el de Urbano Cruz Manjavacas
(Gorra de apodo familiar y Jaro por tener la pelambre gredosa como el barro
de los cántaros y Colorao por la rubicundez de su cuero). De la
quinta de Alberto Noheda, el de Canuto. Su mujer, la hornera, Natividad
Cano Rodríguez le dicen la Ramoncilla por herencia de su padre,
moteña fuerte y lustrosa que no hace honor a lo diminutivo del mote.
Urbano no gasta pereza ni se adolece de hincar. Se ha hecho él mismo
un horno de cal en la Pozanca.
El horno de la Cruz Verde es el más pequeño de cuantos
hubo.
La tarde del día 29 de mayo de 1972 se encendió perezosamente
este postrer horno de la Mota, con la convicción tácita entre
los concurrentes de que tanto el horno como la industria que le dio vida
no tardarán en desaparecer.
Como el horno se enciende de tarde en tarde, da tiempo a que alguna
vecera lo llene por sí sola, y la hornada de este día la
acaparó la Ascensión del Muerro (Ascensión Contreras
Cañego) mujer de Ramón el de Gorra (Ramón Cruz Izquierdo),
por eso se juntan tantos Gorras en la cocción de este horno.
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