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Los hornos están a la intemperie y son mayores o menores según
las necesidades del alfar, tan rústicos como el pilón, de
paredes gruesas y hechas de barro y piedra, cimentados en una excavación
del terreno como de tres metros y medio de profundidad y dos y medio de
diámetro, aunque variable según el tamaño del horno.
Las paredes del horno tienen un grueso de medio metro aproximadamente.
El espacio excavado en el suelo se divide en dos compartimentos, el
mayor y superior llamado vaso del horno, que es el que se carga, y el menor,
de una tercera parte, llamado bocina o echaera del horno, que es donde
está la boca por donde se alimenta el horno. A este verdadero barranco,
a cielo abierto, se baja por una escalerilla estrecha, labrada en el terreno
y protegida con losas de piedra para que no se desmorone.
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