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Su materia prima fundamental, y casi única, es el barro, que
en el oficio se llama légamo, y que se obtiene sobre todo de las
tierras arcillosas que almacena nuestro suelo y sacan al hacer los pozos,
que aprovechan casi íntegramente. O bien de sacatierras llamados
barreros en los que se labran galerías siguiendo las vetas de las
arcillas que se consideran apropiadas. El pueblo de más y mejor
légamo lo es Madridejos, y para que veamos como son las cosas, no
ha tenido nunca alfareros.
La tierra así recogida la llevan a su corral y la
amontonan a la intemperie.
Estas tierras arcillosas con diferentes unas de otras y complejas en
su composición como consecuencia de las descomposiciones meteóricas
que dan infinitas formas a los yacimientos, agregándose al silicato
alumínico básico hidratado, el hierro, el manganeso, cloruros
y carbonatos, micas, humus, etc., todos con la cualidad común de
tener gran avidez por el agua cuando están secos, circunstancia
señalada por todos los alfareros de que la tierra ha de estar bien
seca y machacada para enturbiar el agua, y que es la razón de que
se pegue a los labios o a la lengua, como hacíamos los chicos en
los gomaeros del barro barrioso o en las arcillas sacadas al hacer los
pozos y la causa de que aquellos gomaeros resultaran modelables y los
mejores para jugar a las gomas.
Según las impurezas que contiene, la arcilla presenta diferentes
colores y propiedades, es más o menos modelable y pierde su plasticidad
cuando sela pone a temperaturas del rojo. Las impurezas de la arcilla son
precisamente las que dan nombre a las diferentes clases.
Entre las arcillas plásticas, que son las interesantes
desde el punto de vista del presente estudio, son las más notables
las de la tierra de Barros, en Extremadura, y la tierra blanca de Andalucía
y la Mancha (greda), que se usa para quitar manchas y para aclarar vinos
o limpiar metales y las más plásticas o modelables, para
hacer tejas, baldosas y toda clase de cacharrería.
Las empleadas por nuestros alfareros son muy plásticas, algunas
con tanta liga que les han de agregar tierra corriente para rebajarlas,
y una vez hecho el barro, es tan suave al tacto como la masa del pan y
su cohesión es tanta que se arrolla fácilmente en barras
delgadas sin que se rompa. Los tinajeros incluso se la echan al hombro,
que es su manera de trabajar, si bien la masa la distribuyen en forma de
huso doble unidos por su base, que es el centro del rollo, y lo apoyan
en su pecho.
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